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Palermo y Monreale Sicilia
® Palermo y Monreale. Palermo, encerrada entre una hilera de montes y el mar, es una ciudad rica de historia. El primer núcleo habitado (la Paleópolis) surgió en una franja de terreno delimitado por el río Kemónia, al sur, y el Papireto, al norte. En el s. VIII a.C., llegaron los Fenicios e instituyeron aquí una base para los intercambios comerciales. En el 480 a.C., Palermo, aliada con Cartago, participó en la épica batalla de Imera, en la que se enfrentaron los cartagineses contra los griegos de Sicilia. Como es sabido, en este caso ganaron los griegos. En la primera guerra púnica, Palermo era uno de los puntos estratégicos más importantes de la defensa cartaginesa y participó activamente en las luchas contra los romanos que, sin embargo, en el año 251 conquistaron definitivamente la ciudad. Tras las invasiones bárbaras, Sicilia y Palermo, que pasaron a ser de dominio bizantino, vivieron un largo período de decadencia. En el 831, llegaron los árabes y desde ese momento, y durante toda la época islámica, Palermo volvió a desempeñar el papel de capital, convirtiéndose en uno de los centros económicos y culturales más importantes de la isla. Con la conquista normanda de 1072, Palermo continuó desempeñando el papel de ciudad hegemónica y se enriqueció con nuevos barrios y monumentos. En 1130, con la elección de Roger II como rey de Sicilia, se convirtió en la floreciente capital del reino normando y mostraba resplandeciente sus hermosos edificios y sus frondosos jardines. Los soberanos normandos edificaron su propia morada en la Paleópolis; un palacio en el que surgió la espléndida joya de la Cappella Palatina, por voluntad de Roger II. El poder pasó de los normandos a Federico II de Suabia, en cuya corte nació una refinada escuela poética y científica que atrajo en torno a sí misma a las mentes más iluminadas de la época. Entre los siglos XIII-XIV, se alternaron angevinos y aragoneses. Con las victorias aragonesas, tras la guerra de las Vísperas, 1282-1302, se vio el surgir de la hegemonía de las grandes familias feudales como los Chiaromonte y los Sclàfani. En los siglos XV-XVI, en plena época española, Palermo se convirtió, gracias a su posición, en un punto estratégico de especial interés en las luchas contra los turcos. Antonio Ferramolino proyectó y realizó, en 1536, un sólido cerco de murallas que rodeaba toda la ciudad. En el siglo XVII, en la época barroca, Palermo vivió un período de extraordinario esplendor. Hubo una importante actividad de construcción de edificios que determinó una sensible transformación del aspecto de la ciudad. La municipalidad y las órdenes religiosas rivalizaban en erigir palacios, iglesias y conventos, para cuya construcción se hicieron venir a arquitectos, escultores y decoradores de todas partes. En el siglo XVIII, tras la breve dominación de los Saboya y los Austria, Sicilia pasó a ser de dominio de los Borbones, y en Palermo, siguiendo las ideas iluministas, se realizaron numerosas obras en el ámbito de la edificación pública y social, como la Biblioteca Real, el Observatorio Astronómico, el Cementerio, etc...En la prolongación de la vía Maqueda, en 1778, el gobernador Regalmici creó un nuevo cruce de calles: i Quattro canti di campagna (las cuatro esquinas del campo), iniciando así la expansión de la ciudad hacia el norte. Otra expansión tuvo lugar después de la unificación de Italia, cuando en la gran arteria de vía Libertà se asentaron las elegantes viviendas de la nobleza y de la alta burguesía financiera y empresarial. Entre 1885 y 1895, se abrió la vía Roma, sacrificando una parte importante del casco antiguo y numerosos edificios de la Palermo del s. XVI y del Barroco. Palermo sufrió profundas alteraciones en su equilibrio social y urbanístico a causa de la Segunda Guerra Mundial; buena parte de los habitantes del casco antiguo, gravemente dañado por los bombardeos, abandonaron la zona y se dirigieron hacia las nuevas áreas de expansión urbana. En estos últimos años se ha empezado a dar nueva vida al casco antiguo, con el fin de que pueda mostrar, con su amplia estratificación, la magnitud cultural de la ciudad y para que los ciudadanos recuperen la propia historia y la propia identidad. Se va a Monreale desde Palermo por el Corso Calatafimi; después, se toma una carretera que sube y que se construyó en el s. XVIII, adornada con las magníficas fuentes del Pescador, 1768, y del Dragón, 1767, realizadas ambas por Ignazio Marabitti. El nacimiento de esta ciudad se remonta a la Baja Edad Media, cuando se fue formando un núcleo urbano alrededor del grandioso conjunto arquitectónico de la Catedral. Es una sede episcopal desde 1183, y en el transcurso de los siglos siempre jugó un papel de gran importancia. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.                     

    
    
                                                   

 
 
Terre di Sicilia tour - Apuntes de viaje...
 
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Erice y Selinunte Sicilia
® Erice y Selinunte. El nombre de Érice deriva del sicanosículo-itálico Eryx, que significa monte. En las grutas que dan al mar habitaron hombres del paleolítico superior y del neolítico. Érice se convirtió en ciudad elima, y tenía un templo dedicado a la diosa de la fecundidad, Astarté, la Venus ericina de los romanos. Antes y después del breve dominio de los griegos de Agrigento y Siracusa, Érice fue púnica, como testimonian todavía hoy sus potentes murallas. Los cartaginenses la destruyeron en el 260 a.C. En el 247 a.C., fue ocupada por los romanos, y decayó como fortaleza y como ciudad. Siguió, pues, la historia de toda la isla: fue bizantina primero, y árabe desde al año 831, con el nombre de Gebel-Hamed. Llegó a ser normanda en el s. XII. Los normandos repoblaron la ciudad, y además de otras obras de fortificación, construyeron el Castillo que tomó su nombre, (pero es también llamado de Venus). La ciudad recibió el nombre dado a la roca por el conde Roger: Monte San Giuliano. En el medievo fueron edificadas iglesias y conventos y, desde entonces, menos algún palacio barroco y una remodelación de la Piazza Umberto I en el s. XIX, la roca ha sido la misma, hasta que en 1934 retomó el nombre de Erice. Parque arqueológico en el territorio de Castelvetrano, a 2 km en dirección al mar, que protege las ruinas de Selinunte, la colonia griega fundada por Megara Iblea en el 628 a.C., según Tucídides, y según Diodoro Siculo, en el 650 a.C. El nombre de la ciudad derivaría de una planta espontánea de la zona, el selinon, apio; o también del río vecino, el Selinos, actual Modione. La relación entre la población autóctona y los elementos griegos no fue, desde el principio, precisamente pacífica. La vida de Selinunte, como testimonian sobradamente las fuentes históricas, está saturada de conflictos y guerras, especialmente con Segesta, su acérrima enemiga. Pero Selinunte se volvió bien pronto rica y potente, de tal manera que, en el s. VI a.C., pudo fundar, a su vez, la sub-colonia de Eraclèa Minoa, al este, hacia Agrigento. Precisamente en este periodo, tiene lugar la instauración de la tiranía y el estrechamiento de las buenas relaciones con los cartaginenses, al igual que la ordenación urbanística de la ciudad, con la creación de imponentes obras arquitectónicas, como los dos templos sobre la acrópolis, denominados por los arqueólogos C y D (desconociéndose sus verdaderos nombres) y el que está sobre la colina, llamado F. En el s. V cae la tiranía, pero se mantiene la política filo-cartaginense, y esto explica la neutralidad de Selinunte en el conflicto greco-púnico, que tuvo su epilogo en la batalla de Imera, 480 a.C. El fervor constructivo que había caracterizado a la tiranía, volvió de nuevo y llevó a la construcción de los templos A y O, y a una ordenación general de las áreas urbanas más prestigiosas. Cuando la guerra del Peloponeso se centró en Sicilia, Selinunte se vio implicada al lado de Siracusa, pero no consiguió hacer llegar su ayuda a su aliada, por la oposición de Agrigento y de otros centros ligados a Atenas. Después de la derrota de la armada ateniense en Sicilia, Selinunte confió en poder liquidar finalmente a Segesta, eterna rival, pero fue detenida por los cartaginenses, que, después de un asedio de nueve días, era el 409 a.C., conquistaron Selinunte y la destruyeron. Sobre las ruinas, los vencedores instalaron un cuartel militar, restringiendo el hábitat al área de la antigua acrópolis. En esta zona, la ciudad púnica, de la que son testimonios los numerosos descubrimientos arqueológicos, sobrevivió hasta la segunda mitad del s. III a.C., cuando todo el territorio fue sometido al dominio romano. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.

    
    
                                                   

Agrigento y Caltagirone Sicilia
® Agrigento y Caltagirone. La ciudad antigua (Akràgas para los griegos, pero Agrigentum para los romanos, de donde deriva el actual nombre que se le dio en 1927) ocupaba una espléndida posición panorámica, una altiplanicie limitada, al norte, por dos colinas que constituyeron la Acrópolis (la llamada Rupe Atenea y la colina adyacente, llamada Colina de Girgenti) y, al sur, por la Colina de los Templos, así llamada porque sobre ella, junto con otras cosas de menor importancia, se encuentran los restos de 7 de los más de 10 templos que nos quedan de este glorioso centro del helenismo de Sicilia. Felices circunstancias de tiempo y de espacio permitieron a la ciudad gozar de un crecimiento excepcional (las "tiranías" de Fálaris y de Terón, distintas en lo que se refiere a personalidad, fueron igualmente influyentes en el destino histórico de Agrigento durante los dos pri¬meros siglos de su existencia), y muy pronto ésta se presentó, incluso ante los ojos de los visitantes extranjeros, con un brillo de magnificencia. Y he aquí que Píndaro, en el 490 a.C. aproximadamente, en la Pítica XII, (cuando todavía el conjunto de los templos casi no se había iniciado), la elogiaba como "amiga del fasto", "la ciudad más bella de los mortales", el lugar "consagrado a Perséfone", la diosa que, con la madre Deméter, gozó aquí de un intenso culto. El nombre de Caltagirone deriva del árabe qal`at al-ganum y significa castillo de los genios (o los espíritus, que tal vez sean los de las grutas cercanas). Las necrópolis de la zona de Montagna y del llamado paraje degli Angeli, que se remontan al II milenio a.C., junto con numerosos hallazgos de la época neolitica y de la primera edad del bronce, demuestran que este territorio estuvo habitado desde la prehistoria. También se ha encontrado un asentamiento sículo en el monte San Mauro, al suroeste de la ciudad actual. Los árabes construyeron un castillo que fue atacado, en el año 1030, por un grupo de ligures, guiados por Giorgio Maniàce, capitán bizantino. Hoy el dialecto local todavía conserva huellas del dialecto de Liguria. Con los normandos y los suabos la ciudad conoció un largo período de prosperidad, consolidándose, ya entonces, como un centro de producción de cerámica. El terremoto de 1693 obligó a reconstruir la ciudad y en esta labor participaron importantes arquitectos del Barroco, como Gagliardi, Marvuglia, Bonajuto y otros. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.                                         

    
    
                                                   

Siracusa y Catania Sicilia
® Siracusa y Catania. La ciudad de Siracusa, desde su espléndida posición en la parte oriental de la costa siciliana, se extiende hacia el mar con la isla de Ortigia, lugar que alberga los más importantes testimonios de su glorioso pasado. Ortigia está unida por un puente a la tierra firme, donde se extiende la ciudad moderna. La ciudad histórica, según Tucídides (s. V a.C.), fue fundada, en el 734-733 a.C., por un grupo de colonos corintios guiados por el ecista Archia, y tomó el nombre de un pantano vecino llamado Syraka. Siracusa se convirtió bien pronto en uno de los centros más potentes de Sicilia. Su política expansionista, iniciada entre los siglos VII y VI a.C., se concretará con la fundación de las colonias de Akrai, 663 a.C., Casmene, 643 a.C., y Camarina 598, que asumirán un papel de primera importancia en la defensa del territorio circundante. En un primer momento, la gestión del poder, en Siracusa, estaba concentrada en las manos de los Gamoroi (aristocráticos, terratenientes); más tarde, a principios del s. V a.C., pasará a elementos democráticos. En pleno siglo V, el retorno de los aristócratas y la instauración de la tiranía de los Dinoménidos de Gela coincidieron con un periodo de gran expansión de la ciudad, que se colocó a la cabeza de la civilización "magno-griega" en la lucha contra los cartaginenses, derrotándolos en la famosa batalla de Imera del 480 a. C., con la ciudad de Agrigento como aliada. En la segunda fase de la guerra del Peloponeso, Atenas, tolerando apenas la expansión económica y militar de Siracusa, desencadenó contra ella una potente ofensiva con una expedición naval, 415-13 a.C., guiada por Nicia Lamaco y Alcibíades. Siracusa consiguió derrotar a los atenienses y rodearlos en las orillas del Assìnaro, cerca de Eloro. La artífice de la victoria había sido la fracción demócrata, que asumió la guía de la ciudad. Pero volvieron los cartaginenses, destruyendo Selinunte y obligando a Siracusa a una rendición pactada. Cuando Dionisio accedió al poder, comenzó de nuevo la ofensiva cartaginense, bloqueada por una peste que llevó a la paz. En los años sucesivos, los enfrentamientos se repitieron, hasta que, en el 392, fue firmado un nuevo pacto: Dionisio obtuvo el poder sobre las ciudades sículas, en otro tiempo independientes; Cartago mantuvo el predominio en la Sicilia occidental. Este es el momento de mayor esplendor para Siracusa, que amplió su zona de influencia hasta la Italia meridional y central. A la muerte de Dionisio le sucedió su hijo, Dionisio II. Se produjeron nuevos conflictos internos y los siracusanos pidieron ayuda, contra el tirano, a la madre patria, Corinto, que en el 344 envió a Sicilia una expedición guiada por Timoleonte, el cual consiguió imponerse a las fuerzas de Dionisio, y trató con él la paz. En el 339, Timoleonte tuvo que afrontar una nueva ofensiva de los cartaginenses, que concluyó con la grave derrota de éstos junto al río Crimiso. Timoleonte pudo dedicarse entonces a imponer de nuevo el orden en Sicilia, a colonizar de nuevo los campos y a revigorizar el elemento griego manteniendo, en política, una posición moderada. A su muerte le sucedió Agátocles, jefe del partido democrático radical, que se deshizo de los oligarcas y, en el 307, mientras estaba en curso una nueva guerra contra los cartaginenses, asumió el título de rey. Un año después, concluida victoriosamente la guerra, se hizo dueño de toda la isla. Tras la muerte de Agátocles, el sucesor fue Gerón II, que ostentó el poder cerca de cincuenta años, desde el 269 hasta el 215 a.C. En este periodo, los romanos, asomados al proscenio de la historia, tendían a limitar la independencia de Siracusa, tanto que Gerón, consciente de la superioridad de éstos, se declaró al final su aliado. El sucesor, su hijo Jerónimo, que a su vez se había aliado a los cartaginenses, terminó cediendo ante los romanos que, conquistada y saqueada Siracusa, en el 213 a.C., la incluyeron de nuevo en la provincia de Sicilia, pero asegurándole aún el papel de ciudad capital. Después de la caída de Roma, Siracusa vivió las mismas vicisitudes que el resto de Sicilia y fue ocupada por vándalos, godos y bizantinos, hasta que, en el 878, cayó en manos de los árabes. En época normanda y suaba, Siracusa, aunque cediendo a Palermo al papel de ciudad capital, continuó manteniendo una notable importancia, demostrando ventaja incluso por su amplia reestructuración urbanística. El Castillo Maniace es un admirable ejemplo de arquitectura de época federiciana, y es también el símbolo del poder militar de Federico II y de la centralización estatal llevada a cabo por este soberano. Bajo el dominio aragonés, Siracusa se convirtió en capital de un amplio territorio que comprendía nuevos municipios. Surgen, en este periodo, elegantes moradas señoriales, iglesias y conventos, entre ellos el de Santa Lucía, San Benedetto y la Annunziata. En época española, entre los siglos XV y XVI, los asentamientos de los Jesuitas, Carmelitas y otras órdenes religiosas, determinan nuevas transformaciones urbanísticas, según los dictámenes del nuevo gusto barroco que, sobre todo, en Siracusa, asumió contornos específicos y peculiares. Y, principalmente, por causa de la apremiante amenaza turca, fueron construidos los imponentes bastiones alrededor de la ciudad. Después del terremoto de 1693, Siracusa fue reconstruida en parte, y los trabajos de reestructuración continuaron durante todo el s. XVIII. Entre los siglos XVIII y XIX, se asistió a nuevas transformaciones urbanísticas y culturales; muchos edificios religiosos fueron confiscados y destinados a uso público. Esta forma de proceder se acentuó cadavez más después de la unidad de Italia, momento en que se decidió el derrumbamiento de los muros españoles, y la ciudad comenzó su expansión hacia el interior. De hecho, empezaron a surgir nuevos barrios que marcaron cada vez más la diferencia entre la ciudad histórica y la ciudad moderna. Hoy, se intenta llevar adelante una política de recuperación que, a través de la restauración conservativa, salve y haga revivir los testimonios más significativos de la memoria histórica de la ciudad.  Es la segunda ciudad de Sicilia en número de habitantes y se extiende sobre la llanura homónima, entre el mar Jónico y las laderas del Etna. El campo que la rodea, que las erupciones volcánicas han hecho más fértil, está cultivado en su mayor parte con huertos de agrios. La estrecha relación que la ciudad mantiene con el volcán se puede constatar también en sus edificios, muchos de los cuales están construidos con piedra volcánica. Según el historiador Tucídides, Katane fue fundada después del 729 a.C. por los colonos calcídicos de Naxos, en la colina que hoy se llama de los Benedictinos. En el siglo siguiente, el legislador Caronda le dio a la ciudad una legislación de inspiración moderada, a medias entre la oligarquía y la democracia. En el año 476 a. C., Catania fue conquistada por Gerón de Siracusa: sus habitantes fueron desterrados, volvieron 15 años después, en el 461. Durante las guerras púnicas, la ciudad fue conquistada por los romanos, en el 263 a.C., y mantuvo una notable riqueza hasta la época imperial. Tras un período de decadencia provocado por las invasiones bárbaras y por la conquista bizantina en el 535, Catania fue ocupada por los árabes en el s. IX, que redistribuyeron las tierras y dieron nuevo impulso a las actividades agrícolas y comerciales. A partir del año 1071, con la conquista normanda, se construyó la Catedral como iglesia-fortaleza y se restablecieron los latifundios que se cedieron a los monasterios. Después sufrió una crisis económica que el terremoto de 1169 empeoró aún más. En la época de la dinastía suaba, finales del s. XII y gran parte del s. XIII, Federico II mandó edificar el Castillo Ursino, 1239-50, para completar su obra de fortificación de esta parte de Sicilia, y como símbolo de su poder. Con la llegada de los aragoneses, a finales del s. XIII, Catania, rival de Palermo, fue elegida muchas veces como sede de la corte, y se fundó el Siculorum Gymnasium, primera y prestigiosa universidad siciliana. La gran erupción volcánica de 1669 y el terrible terremoto de 1693, que afectó a toda la Sicilia oriental y que destruyó gran parte de la ciudad, arruinó una situación económica que ya era difícil. Catania fue reconstruida, se extendió considerablemente; después sufrió una nueva crisis agrícola, pero se recuperó. Fue elegida como capital de la provincia en el s. XIX, volvió a expandirse hacia nuevas zonas hasta obtener, hoy día, su imagen actual de ciudad activa y moderna. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.                                          

    
    
                                                   

Taormina Sicilia
® Taormina. Un grupo de supervivientes de la vecina Naxos, destruida por Dionisio I, tirano de Siracusa, fundaron en el año 358 a.C. la ciudad griega de Tauroménion, que tuvo su acrópolis en la cima del monte Tauro y el ágora donde hoy está la Piazza Vittorio Emanuele II. La ciudad creció considerablemente bajo el dominio romano, pero en las últimas décadas del s. I a.C., para castigarla por la ayuda prestada a Sexto Pompeyo, Octaviano deportó a sus habitantes y la degradó a la categoría de colonia. Empezó así la decadencia de la ciudad, que se recuperó con los bizantinos, los cuales la eligieron como capital de la Sicilia oriental. Los árabes la destruyeron dos veces, en el año 902 y en el 962, y después iniciaron una parcial reconstrucción. Durante la dominación normanda, la ciudad se extendió en la zona del Borgo, y siguió creciendo en los siglos XIII y XV. En realidad, Taormina ha tenido un extraordinario desarrollo en el s. XX, convirtiéndose en una famosa localidad turística internacional. Su paisaje, junto con las columnas del templo de los Dioscuros de Agrigento, las cúpulas árabes de San Giovanni degli Eremiti de Palermo y el campanario móvil del Duomo de Mesina, son, en la imaginación colectiva, las metas turísticas más deseadas. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.

    
    
                                                   

Piazza Armerina y Cefalù Sicilia
® Piazza Armerina y Cefalù. Huellas de asentamientos (poblados y necrópolis) están esparcidas por el territorio que, por sus cualidades, fue, sin duda, habitado desde los tiempos más antiguos. Probablemente, en época histórica, fueron los griegos de Gela quienes fundaron la primera ciudad. Los romanos apreciaron, como solían, la belleza del lugar, y la Villa del Casale es la prueba del encanto que Sicilia ejerció en este pueblo de guerreros. El origen del pueblo actual puede atribuirse a los normandos, que aquí combatieron contra los árabes, e incluso entre ellos, o, más exactamente, combatieron contra sus aliados lombardos, los cuales sufrieron muchas bajas, pero después volvieron en gran número bajo el mando de Federico II (el dialecto que se habla en Piazza Armerina revela todavía sus antiguas raíces emilianas, concretamente de la ciudad de Piacenza).  El nombre antiguo de Cefalú, Kephaloidion, probablemente deriva del griego Kefalè, que quiere decir cabeza. Este lugar ya estuvo habitado en una época pre-helénica, corno demuestran los numerosos hallazgos de asentamientos humanos en las grutas de la Rocca y en las laderas occidentales de la misma. Su población mantuvo contactos frecuentes con los griegos de la Sicilia oriental y con los fenicios de la Sicilia occidental. En el ano 254 a.C., se convirtió en una ciudad romana, primero fue decumana y después stipendiaria. Después del periodo bizantino, los àrabes consiguieron ocuparla tras un largo asedio. En 1063, cuando fue conquistada por los normandos, empezó para Cefalú un periodo de gran esplendor, que culminò con la creación del episcopado en 1131. La importancia de Cefalú no disminuyó con el pasar de los siglos, el poseerla siempre fue un cuestión importante. Textos de "Guía de Sicilia y de sus islas menores" de Ugo La Rosa.

    
    
                                                   

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